Por: Jessenia Araya-Vega | (2015)  Al cerrar el día tenía algunas de las ideas aún dando vueltas en mi cabeza y de alguna manera encontré similitudes entre cosas, fui a nadar…

Esta mañana empecé el día diferente, una amiga muy cercana me invito a una actividad de El Financiero era la presentación del estudio anual de “Experiencia del cliente”. Y por alguna razón me llamo muchísimo la atención el tema de las palabras: “Experiencia” “Obsesión” “Pasión” “Corazón”

Al cerrar el día tenía algunas de las ideas aún dando vueltas en mi cabeza y de alguna manera encontré similitudes entre cosas, fui a nadar… y sentí que nadar es también una experiencia, uno nada y las condiciones para moverse y para respirar son distintas en el agua, el peso es distinto, la sensación es distinta y no pude evitar extrapolar lo vivido ese día con eso que estaba viviendo en ese momento.

La experiencia del cliente es como sumergirse, dejarse llevar por una forma de pensamiento. Incluso va más lejos, plantar una semilla… un afecto… es tan intangible que aún después de años estamos acá procesando y cambiando el chip mental para lograr mejores ideas.

Sería como descubrir el agua tibia concentrarse en lo que digan los otros de una marca o un servicio… hoy sabemos cual es la media entre clientes satisfechos y detractores. Hoy sabemos más de lo que no dicen, que de lo que nos dicen. No es nuevo que el poder esta en nuestras manos, que en momentos en que la información es vital, el saber emplearla nos confiere cierto poder unipersonal. Hoy no necesitamos ir a ciegas a comprar, hoy buscamos en google… hoy somos expertos en una tarde en el escritorio. El acceso a la información nos empodera y nos hace exigentes de nuestros derechos, hacemos valer el dinero que invertimos, nos hace mejores usuarios, más exigentes pero nos cambia a pensar distinto desde nuestras trincheras por variadas que estas sean.

En el bloque del segundo expositor encontré la frase que da título a este artículo: “En la era de la digitalización la diferencia la hace el corazón” Alejandro Rubinstein (Gerente de canales de BAC San José)

Esta frase me ha estado incomodando desde ayer.. porque encierra una gran verdad. Cuantas veces llegamos a niveles insospechados movidos por cosas que van más allá de la fuerza, de nuestra capacidad inicial, de nuestra expectativa.? Que somos capaces de hacer y lograr cuando nos mueve algo más allá?

Les ha pasado? La pasión, el corazón es el que nos hace sobrepasar nuestros límites… una persona motivada, “enamorada” es mucho mas productiva que cualquier otra. Hoy en día las empresas, nosotros como diseñadores de soluciones debemos apasionarnos, estoy convencida de que ese es el detonante que nos puede llevar a la felicidad. Con las múltiples herramientas y formas para saber de la gente hasta lo que ni ellos saben de si mismos. Esta idea no es solo valida en lo que refiere a mercadeo, a clientes satisfechos… con mucho más razón nos compete a nosotros los diseñadores. Nosotros somos los arquitectos dentro de esta experiencia, ya no basta con solo “pensar web”… no basta con solo brincar al otro lado, probar y crear. No basta con capacitarnos, con salir del print al web, hoy vamos más allá del web app, responsive design, etc.
Hoy en día somos los responsables y estamos capacitados para hacer de esto intangible algo visible. No es nuevo que un empleado motivado, enamorado de su producto contamina lo que hace y es más productivo que uno que no lo este.

Eso no es nuevo pero la imagen que genera esa frase puede ponernos a todos la idea más clara, no es contratar a consultores carísimos que vengan a decirnos como podemos mejorar, es volver a mirar para atrás y hacer ese análisis hacia adentro.

Creamos nuestros productos enamorados? Nos sentamos a “obsesionarnos” por lo que le ponemos a nuestros clientes enfrente? Cuando diseñamos un layout probablemente hacemos uso de nuestras mejores estrategias, procuramos implementar todas nuestras conclusiones acumuladas con los años, refrescamos nuestros conocimientos procurando innovar. Pero estamos enamorados? estamos obsesionados cuando planeamos una idea para un app, para un sitio web, para una estrategia en redes sociales. Recuerdo una frase de Steve Jobs que tiene mucho sentido en esto: “cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.”

Diseñar con pasión, enamorarnos… marca la diferencia. Recordemos que nuestra labor es generar una emoción, como podemos pretender que nuestros receptores amen algo que yo nunca ame?. Y ustedes están enamorados?